Tú, uno más

23 febrero 2013

PASÓ



Tuve miedo, lo afirmo, a medida que avanzaba, mi mejor amigo y yo nos replegábamos, hasta el punto de estar casi abrazados.
Era un día soleado, en el que los pájaros cantaban y el agua del riachuelo era transparente, dando ese color azul, al acercarme pude visualizar el fondo y parecía vacío, la primera aventura del día, mi mejor amigo me empujó, menudo chapuzón, me enfadé, pero es que con el calor que hacía fue lo mejor que pudimos hacer.
Después del chapuzón y de una larga caminata, comencé a picarlo, empecé a picar a mi mejor amigo. Una carrera hasta el barranco, hacer diez abdominales y volver, corríamos a la de tres, a medida que avanzaba la carrera, yo mismo gritaba: “ten cuidado con el barranco”. Él sí tuvo cuidado, yo me despisté y casi, y digo casi porque si no es por él, el que ante me empujó, ha evitado que caiga.
Me desbordaba el miedo mientras me arrastraba.
Con la recuperación de fuerzas, seguimos con la caminata. En una de esas tonterías en las que cogemos y tiramos piedras. Le dimos a una colmena y es ahora cuando cientos de abejas picaban a mi mejor amigo mientras yo corría, porque me dio miedo, miedo porque es mi mayor fobia, cuando yo reaccioné, llame a la ambulancia. Mientras termia por él. Ahora tengo fobia a las caminatas, a las abejas, y a los días perfectos.